¡No hay mal que 100 años dure! Ahí estaba yo retozando como un cerdo en el barro al final del tercer cuarto con los 16 puntos de ventaja cuando me vino el hombre del mazo para bajarme los humos recordando los cuartos cuartos de los últimos partidos. Por eso empecé ese cuarto con la mosca detrás de la oreja y cuando pasados los primeros minutos comprobé que la historia se repetía con adelantamiento de líneas de las contrarias hasta el infinito y más allá, agresividad impune, mutismo arbitral y desmadramiento de esa “negra, tiradora” llamada Imane Tate, apareciendo el consiguiente bloqueo propio, me temí lo peor.
Pero hubo un punto de inflexión, un momento en que nuestra mejor jugadora del partido, y de la temporada, se dijo que ella se apuntaba a esa juerga y se puso en modo demoniaco en las dos canastas, recordando yo, especialmente, un pintxo de merluza de las de antes y un feroz robo de balón a, creo, esa otra gran e interminable jugadora apellidada Giomi, dejándole muy claro que “en mi casa no”. Entiendo que ello liberó a sus compañeras y especialmente, y aunque no suele ser habitualmente muy necesario, a Itziar que metió un triplazo que nos quitó las telarañas de la canasta, las penas y los nervios.
Por lo demás, tres cuartos magníficos de nuestras jugadoras con la imprescindible resiliencia y acierto en el último para cantar victoria. Gogorrago!

