Desde el principio del partido, incluso durante el primer cuarto que fue igualado, tuve la impresión de que los rivales o bien arrastran cansancio por su previo y desmadrado ritmo en encuentros anteriores o, como a otras que yo me sé, les está pesando sobremanera la racha de derrotas hasta agobiarlos y agarrotarlos. Porque en los anteriores partidos que les había presenciado o visto parecían conejitos de Duracell, jugando con un ritmo endiablado. Curiosamente, algo me recordaron a ello en el último cuarto.
Claro que con ese estado físico mental del contrario y una vez que se pasó el tanteo del primer cuarto, entró en acción la bola de demolición de Anoeta, con dos cuartos de mas de treinta puntos y apenas 15 o 12 de los contrarios. Nuestro equipo en bloque, con una seguridad aplastante en lo colectivo y con fogonazos individuales en forma de mates, penetraciones, combinaciones y triples nos hicieron la tarde-noche plácida. Eso sí, el cuarto cuarto fue un despropósito con una combinación de cansancio y subida de líneas contraria sin penalización para los excesos que maquilló ligeramente el resultado a pesar de los esfuerzos de alguno de los nuestros, en especial de Gaizka que hizo un gran final de partido, aunque nos quedáramos con la miel en los labios de llegar a los 100 que parecía totalmente al alcance cuando entramos en el último periodo con 83 puntazos.
A seguir disfrutando, esta vez contra el Cantabria el domingo. Gora GBC!



