La falta de valores, debida sobre todo a la secularización de la sociedad occidental, conlleva una fase metastásica e irreversible del organismo social, como la que estamos padeciendo. El enfermo ha entrado en fase terminal. La familia tradicional, elemento célular básico del funcionamiento orgánico, está siendo atacada por las nuevas ideologías malignas. El objetivo no es otro que descomponer la familia en sus elementos individualizados que, de este modo, dejarán de funcionar como un todo,para constituirse en unidades débiles y fácilmente manipulables, a merced de entidades morbosas supracelulares. Deberíamos haber respetado la naturaleza intrínseca de las cosas.
Desestructurados y carentes de pilares básicos estamos avocados a la descomposición y a la propia muerte.

